Llega con un poco de retraso, pero la historia merece la pena.
Llega Halloween, y para aquellos que lo celebran, es una época de estrés porque hay que encontrar un disfraz. En nuestro caso esa decisión se redujo al día de antes (por la tarde, a las 7.00, cuando las tiendas cierran a las 7.30). ¡No hay problema! Salimos a Via Garibaldi y… 2 tiendas… Fuimos demasiado confiados.
La primera tienda resultó ser una papelería, en la que curiosamente vendían artículos de Halloween, algunos pocos disfraces y bastantes artículos/complementos. La segunda tienda resultó ser una tienda de ropa con pocos disfraces, algunos complementos y algunas máscaras.
19.00 - Fuimos primero a la papelería y después de mucho mirar nos decantamos por mirar la otra tienda.
19.13 - Al entrar en la tienda nos dimos cuenta del engaño del escaparate. En el escaparate solo podías ver artículos para Halloween, por lo que para cualquier persona normal eso significa que es una tienda de disfraces. 5 minutos después nos volvimos a la papelería. Pero antes pasamos por una tienda de ropa gótica que creímos de Halloween (estas cosas pasan).
19.20 - ¡Cogemos lo que sea! Llegamos a nuestro sector de accesorios con decisión y después de ver entre varias pinturas… la que más molaba era la azul. ¡Pues de Pitufos! No no… en Halloween hay que ir de algo que de miedo. ¡Pues de pitufos asesinos!
Resumen:
- Pintura: 1.5€
- Hacha de guerra: 6.5€

Pintarse en casa fue uno de esos procesos lentos y desagradables. La pintura parecía tóxica y poco transpirable. Después de más de 30 minutos de pintarnos cara, cuello, orejas, manos y brazos (solo Marta) estábamos listos. ¡No! ¡Falta la sangre! No pasa nada, para eso estaba Xavi y sus cápsulas de sangre :D. 5 minutos más tarde estábamos listos. 2 pitufos asesinos (con un hacha) y un atropellao’ (el disfraz de Xavi era muy currao’. Camiseta blanca desgarrada con la marca de unos neumáticos y con sangre, cabeza muy ensangrentada y los pantalones muy rotos con sangre también).
Nuestro destino: Youth Museum (no penséis mal… íbamos a una fiesta, no a visitar un museo).
Lo primero que notamos es que todo el mundo nos miraba. Luego en el museo cenamos (bien y suficiente), y ya después… ¡fiesta!
Tuvimos unos despistados que pensaron que quizás éramos Avatares… pero después de ese encuentro ya todos nos reconocían. Fuimos el foco de atención de muchísima gente. “¿Puedo hacerme una foto contigo? ¿Podemos hacernos una foto juntos? I puffi! I puffi!”. Estuvimos bastante tiempo en la fiesta, que fue alucinante y la música fue también perfecta. Más tarde habíamos quedado con nuestros amigos en un bar, y aunque estábamos genial en la fiesta, salimos para ir a su encuentro.
Cuando intentamos salir, observamos que la entrada era una batalla campal por intentar entrar al museo, lo cual demostró lo popular y buena que era la fiesta (o que todos querían hacerse fotos con i puffi :P). Tardamos unos 5-8 minutos en salir del museo y de aquella marea de gente.
Cuando pensamos que nuestra popularidad podía haber cesado, vimos que ocurría la misma situación en las calles más transitadas. “I puffi!, ¡Os cogeré y os comeré pitufos!...” Quisiera destacar que de camino a nuestro encuentro fui gravemente alcanzado por una zomba (una zombie)... 5 minutos más tarde el resultado fue inevitable. ¡Me convertí en un Pitufo zombie asesino!
El resto de la noche lo pasamos en un bar con nuestros amigos cantando, bebiendo, riendo, asesinando... (esto último pudo no haber ocurrido)
A la vuelta (4.00 de la mañana) la ducha fue obligatoria.
Post dedicado a los pitufos madrileños (gracias por la inspiración)