Este es mi último post sobre Turín. Aviso ya, según escribo, que no sé cuantas líneas me va a ocupar.
No es fácil escribir esto, y menos cuando pasan los días, pues las emociones y sentimientos se diluyen más rápidamente de lo que me gustaría, así que es posible que parezcan un montón de ideas expresadas todas juntas sin conexión lógica. Pero no estoy expresando ideas, sino sentimientos, ¿y no son acaso los sentimientos caóticos, inabarcables y sin conexiones lógicas?
La vida está subvalorada. Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo distraídos en cosas que nos parecen importantes y no nos damos cuenta de lo que realmente importa... la vida. Tenemos la inmensa suerte de experimentar la vida, y la inmensa desgracia de aprovecharla en la manera en la que lo solemos hacer. Como he dicho, solemos vivir nuestras vidas y orientarlas hacia nimiedades. Cosas que creemos que nos llenan. Muchas de ellas materiales, y otras muchas absurdo-sociales.
Las personas no duran para siempre, y esto lo olvidamos muy a menudo. He tenido mucho tiempo para pensar estos días y muchas de esas cosas seguramente se me hayan olvidado, pero justo ahora recuerdo una que me llena de rabia y frustración, pues si se es afortunado, se vive una vida bastante estable, donde tu familia y tus amigos siempre están ahí. ¿No veis donde está mi rabia y mi frustración? ¿Es que acaso ese momento se puede congelar? ¿Se puede acaso vivir siempre con esa estabilidad? No. Pero eso no debe impedirnos ser felices, pues está en nuestras manos aprovechar y vivir ese momento. Y está en nuestras manos recordarlo cómo lo vivimos y con quienes lo vivimos.
Me he propuesto vivir la vida. Me he propuesto no prestar atención a aquellas cosas que me impidan, o me dificulten vivir. Me he propuesto querer más a los que ya quiero. Me he propuesto cambiar. Me he propuesto ser más cristiano. Me he propuesto descubrir quién soy. Me he propuesto conocer. Me he propuesto descubrir. Me he propuesto ser feliz. Y me he propuesto no sufrir por aquello que no lo merece.
En estos días me he dado cuenta que puedo llorar. Quizás no a mares, pero puedo. Eso me alivia en parte, pues sé que podré llorar cuando llegue el momento para ello. Y no tiene por qué ser un momento triste, sino también momentos alegres.
En estos días me he dado cuenta que cuanto más quieres a una persona, más sufres cuando la pierdes. Y cuanta más gente tengas cercana en tu vida, más sufrirás. Y esto ¡no es justo! Estoy indignado, enfadado y triste, pues no quiero sufrir pero menos aún estar solo. Muchos tengo cercanos y pocas ganas de sufrir. No soy exactamente la persona más emotiva del mundo. Y esto precisamente provoca un fuerte nudo en mi garganta que me oprime cuando sentimientos profundos surgen en mí. Dicen que los que no lloran son los que más sufren, y puede que sea verdad, y yo no he elegido ser así, pero sin embargo lo soy y me afecta y afectará toda la vida.
En estos días me he dado cuenta de lo dependiente que soy, pues nadie cercano a mí me sobra, y dependo tanto de ellos como ellos de mí.
En estos días me he dado cuenta de cuánto se puede madurar en unos minutos, en unas horas, en unos días, y cuando pasen unas semanas también me daré cuenta.
Nadie puede saber lo que nos depara en futuro, y por eso mismo no pienso arrepentirme de mis acciones. No voy a pararme a pensar, qué hice mal, o qué no hice, pues en aquel momento no pude saber qué ocurriría.
Quizás a estas alturas os hayáis preguntado la posible relación que puede tener todo esto con Turín, o quizás no. Espero que quede claro y no tener que explicarlo pues demostraría lo mal redactado que está hecha esta entrada en el blog.
Este post está dedicado a una persona muy especial en mi vida. Una persona que siempre estuvo ahí, aún cuando no lo parecía. Una persona que vivió su vida con plenitud. Una persona cristiana. Una persona amante de la vida y amante de la gente. Una persona sabia. Una persona buena. Una persona en mi vida. Y esa persona es mi abuelo. Mi único abuelo. Mi último abuelo. Francisco Liñán Macías. AbuPaco. Un santo de los de verdad.
Estoy seguro que este texto no puede compararse con ninguno de los libros que escribió mi abuelo. Y estoy bastante seguro que hay miles de formas mejores de expresar mis sentimientos. Pero no pretendo compararme. No pretendo haceros sentir lo que siento. Sino más bien que aprovechéis mis palabras para vivir mejor vuestras vidas. Para que seáis más felices y os despreocupéis de las grandes nimiedades que os oculta lo que más importa. ¿Quién quiere un coche lujoso, un teléfono de última generación o un televisor de 60 pulgadas? Si no lo tenéis y lo queréis, no lo queráis. Yo no tengo ninguna de estas cosas ni las quiero. Yo quiero un abuelo. Yo quiero mi abuelo. Quiero a mi abuelo.
AbuPaco, allí donde estés, seguro que eres feliz y que nos proteges. Y aunque no fuiste experto en informática, estoy seguro de que esto lo has leído. Y me siento orgulloso y contento, pues sé que tu lo estás. Al fin y al cabo siempre soy un filósofo, al menos eso decías.
Por último espero que nos cuides a toda la familia, en especial a AbuPetri, para ser fuertes sin tu compañía, y a que nos guíes por el buen camino siempre.
Este ha sido mi homenaje a una de las personas importantes en mi vida.
No sé si ha sido corto o no, lo desconozco, pero si lo ha sido textualmente, os aseguro que sentimentalmente no lo es en absoluto. y también puede que se hayan quedado muchas cosas que he sentido por decir, pero todas esas cosas él ya las sabe.
Quizás pueda parecer una mala forma de terminar mis relatos, pero os aseguro, que aunque la experiencia no ha sido en nada agradable, poder terminar así y de esta manera mis relatos es todo un honor de lo cual sentirse orgulloso y contento. No por la pérdida de mi abuelo, sino por que sea él con quien tenga el honor de terminar este episodio de mi vida.
Con este último post me despido de vosotros. Me despido de Turín. Me despido de una antigua versión de mí mismo. Pero aún más importante, y con un nudo en la garganta, me despido de ti AbuPaco.
Un beso muy grande y hasta más ver.
¡Te quiero!

